DES·ORIENTACIONES

Revista cultural para combatir el tedio estival

Fernando León: “Lo importante en una película es que sirva para arrojar un poquito de luz”. El director de ‘Barrio’ rueda en mi barrio

Crecer y vivir en un barrio obrero puede ofrecer algunas -no muchas- alegrías. Una de ellas  es que  un día te levantes, salgas a la jungla de termiteros de ladrillos donde te hallas atrapado y  te encuentres gruas, cámaras, cables, trailers y un montón de gente  con walkie-talkies, es decir, toda la parafernalia que supone el rodaje de una película. Reconozco que pocos directores se me ocurren que puedan fijarse en la plaza donde vivo, en el madrileño Barrio del Pilar. Cuando pregunto a alguien del equipo de quién se trata, todo adquiere sentido: Fernando León de Aranoa, director de ‘Los lunes al sol’ o ‘Barrio’ filma ‘Amador’, su quinta película.

Fernando León de Aranoa (izqda.) durante el rodaje de 'Amador'

Fernando León de Aranoa (izqda.) durante el rodaje de 'Amador'

Amador -interpretado por Celso Bugallo (Goya por ‘Los Lunes al sol’)- es un jubilado impedido que recibe los cuidados de Marcela (Magaly Solier, ‘La teta asustada’), una inmigrante peruana que hace las veces de asistente social. En cierto modo, y conociendo el amor que Fernando León profesa al neorrealismo italiano, el argumento de Amador recuerda a ‘Umberto D.’ (1951) de Vittorio di Sica. Será cuestión de esperar y comparar.

Mientras tanto, el cineasta rueda entre Madrid y Barcelona, si bien las localizaciones de la plaza donde vivo es el lugar elegido para situar la vivienda de Amador. Es la última jornada de rodaje en Madrid y un día complicado, pues no para de llover. El realizador entra y sale nervioso del bar-restaurante ‘Las dos rías’ de al lado de mi casa -donde he comido infinidad de menús del día- en el que está rodando una escena. Resulta difícil acercarse a él, la gente del equipo me advierte. Consigo intercambiar un par de palabras con él y me emplaza a que me pase más tarde. Lo hago, aunque me tiro aguardando una hora larga bajo la lluvia. Cuando finaliza la jornada no dejo que se me escape (perseverancia, Fernando, perseverancia)… He aquí las palabras que dedicó el cineasta en exclusiva para la audiencia de DES·ORIENTACIONES.

El cineasta pasa por la zona de rodaje

El cineasta pasa por la zona de rodaje

P.- ¿Por qué ha elegido esta plaza y este barrio para situar la acción de la película?

R.-Ya en ‘Princesas’ rodamos muy cerquita de aquí. Entonces recordamos esta cafetería donde veníamos a tomar alguna cerveza, algún café. Me acordé de ella cuando estuvimos buscando una cafetería amplia que tuviera una buena relación con el exterior, que también fuera muy luminosa y muy diáfana. Vinimos a verla y nos sirvió.

P.- Los protagonistas de sus películas son siempre parias: en ‘Amador’ son un jubilado y una inmigrante. Su cine se identifica con el compromiso social. ¿Qué debería ser para usted el cine?

R.-El cine debe ser para cada uno lo que necesita que sea, tanto para los que hacen películas como para los que las ven. Creo que hay espacio para muchos tipos de películas. A la hora de hacer cine sé el esfuerzo que supone, el tiempo, la inversión y lo caro que es. Por eso me resulta importante que, aparte de tener un sentido del entretenimiento, llegue un poquito más allá y que sirva para reflexionar sobre cosas. Para mí eso es lo importante, que a la hora de hacer ese esfuerzo de tres, cinco años preparando una película, ésta sirva para arrojar un poquito de luz o de sombras sobre lo que sea.

P.- Último día de rodaje en Madrid [se desplaza a Barcelona], ¿cómo ha sido este mes de rodaje?

R.- No te puedo hablar de la peli, es que me matan. Te cuento por qué: tenemos muchas entrevistas pedidas y no estamos haciendo nada…

Aspecto del bar donde se rueda la acción

Aspecto del bar donde se rueda la acción

P.- Sin problemas… Su película más célebre y el personaje más conocido de su filmografía son ‘Los lunes al sol’ y su protagonista ‘Santa’. Ahora con la crisis, si volviera a hacer este filme, ¿dónde la situaría y de qué sería desempleado ‘Santa’?

R.- Haría exactamente la misma película. Esa película se podía haber hecho 10 años antes y, por desgracia, se podrá rodar dentro de 10 años. Así es. Son cosas que no cambian, que no dependen de quien gobierne sino de cómo está establecido todo…

P.- ‘Familia’ fue su ‘opera prima’, una comedia que criticaba en cierta manera el cine costumbrista español. Si bien el humor siempre está presente en su cine, no ha vuelto a realizar una comedia. ¿Cuándo volverá a hacer Fernando León una comedia?

R.- No estoy de acuerdo con que ‘Familia’ fuera una comedia, al menos no del todo. Tenía mucho humor y era una sátira, pero también era una película muy ácida y amarga. No creo que estén reñidos los géneros, me resisto a elegir entre comedia, drama, western… Me parece que lo divertido es mezclarlos y como espectador lo que me aburre es ver películas que se ajustan a un patrón. En este caso el género es un patrón, así que…

  • Artículo sobre los preparativos del rodaje de ‘Amador’
  • Ficha de Fernando León de Aranoa en IMDB
  • Una de mis escenas preferidas en la filmografía del realizador

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

La última broma de Juan Antonio Ramírez. La Historia del Arte se queda huérfana

Como si de una broma erudita se tratara -tan del gusto de su deificado Marcel Duchamp- el crítico e historiador del Arte Juan Antonio Ramírez nos dejó el pasado viernes 11 de septiembre, aniversario del ataque a las Torres Gemelas, a la edad de 61 años. En los último años se había dedicado a la investigación del mito de la Torre de Babel en la iconografía barroca, quién sabe si como una metáfora de los peligros que nos rodean en la actualidad. Asístí por última vez a una de sus clases magistrales en la conferencia sobre el tema que ofreció hace años en el Museo Reina Sofía. Creo recordar que se titulaba algo así como ‘La caída de la Torre de Babel. Por una historia de la destrucción arquitectónica’. Antes, tuve el privilegio de ser su alumno en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad Autónoma de Madrid.

El catedrático Juan Antonio Ramírez, en una imagen de 2002 (CAA, Montréal)

El catedrático Juan Antonio Ramírez, en una imagen de 2002 (CAA, Montréal)

Por esos años, mediados de los 90, era la verdadera estrella del departamento. Lo llevaba siendo durante 20 años en el momento en que me matriculé. Muchos alumnos preferían el discurso esquizoide y efectista de otro peso pesado, el profesor de Estética Fernando Castro, pero el discreto catedrático malagueño Juan Antonio Ramírez representaba para mí todo a lo que se puede llegar en el ámbito de la investigación y la docencia universitaria: estudios siempre originales acompañados de discursos renovadores e integradores. En definitiva, se ha marchado todo un ‘ingeniero’ capaz de abrir nuevos caminos en el hasta entonces encorsetado mundo de la historiografía española del arte.

Su actividad investigadora comenzó en 1975, año en que se publica su tesis doctoral bajo el título ‘Medios de masas e Historia del arte’, libro imprescindible que inauguraba una nueva vía de análisis del arte desde un punto de vista sociológico y semántico. La fotografía, el cómic, el lenguaje fílmico… aparecen por primera vez en España como manifestaciones artísticas en igualdad de condiciones con las Bellas Artes. Bien es cierto que es un libro que le debe mucho al trabajo anterior del aclamado semiólogo italiano Umberto Eco, pero ésto no resta méritos a que un jóven menor de 30 años inaugurase  en nuestro país una nueva metodología en la Historia del arte. Personalmente, el libro en cuestión, que lo leí en mi primer año de carrera, 1995, resultó ser una revelación. Unificaba mi interés por los medios de comunicación con la tradición visual occidental. No era extraño, el profesor malagueño estaba licenciado en Historia del arte y en Periodismo cuando realizó su tesis.

Ni que decir tiene que este detalle ha sido crucial en mi vida profesional, pues Ramírez se convirtió en algo así como un referente en el momento en que decidí embarcarme en  la aventura del Periodismo años después de licenciarme en Arte. Se lo hice saber la última que le vi, hace ahora año y medio. Yo cubría para ‘El Mundo’ la feria de ARCO y me lo encontré: -Que sepa que estudié periodismo porque usted también lo hizo-, le dije.  Se sorprendió. Ya tenía media cara paralizada, me auscultaba con sus pequeños ojos de miope intentando recordarme. Lo consiguió cuando le comenté un par de episodios de mi paso por la facultad que le provocaron una sonrisa sincera.

En clase era pedagogo, algo que se desprende en sus libros. Nada de neologismos posmodernos, nada de cultismos, nada de notas a pie de página superficiales. El discurso estaba perfectamente estructurado, ¡qué fácil era tomar los apuntes! Se movía sin mirar a nadie en particular. Recuerdo su timbre de voz y su mirada huidiza. También recuerdo su despacho, lleno de cachibaches hechos por él. Sus tutorías que valían su peso en oro. En la evaluación premiaba por encima de todo el riesgo bien argumentado. Inolvidables fueron las dos asignaturas que me impartió: ‘Historia del cine y del arte del siglo XX’ y ‘Vanguardias históricas’. Menudas proyecciones (‘Blow up’, ‘El último’, ‘La edad de oro’, ‘Hombres de Arán’…). Inolvidable. Como también lo son sus libros: ‘Arte y arquitectura en la época del capitalismo triunfante’, ‘La arquitectura del cine’, ‘Duchamp: el amor y la muerte, incluso’, ‘Construcciones ilusorias’ …

Me enteré de su desaparición a través de mi amigo Ignacio Estella, compañero en la facultad y ahora profesor de Arte Contemporáneo en la Universidad Carlos III de Madrid. -¿Ahora qué va a pasar?-, me dijo Estella. -¿A qué te refieres?-, le pregunté. -A que ahora no hay nadie que tome el testigo, fíjate en los que se quedan-, respondió.  Demoledor. En el momento en que un investigador muestra una preocupación de estas características es cuando uno toma conciencia de la enorme pérdida que ha provocado en el mundo académico.

Aunque yo no creo que se haya ido. De hecho, estoy convencido de que a partir de ahora forma parte de los solteros  del ‘Gran Vidrio’ de Marcel Duchamp que accionan el movimiento perpetuo del molino de chocolate que, a su vez, generan la energía ‘máchica’ para desnudar a la novia, incluso.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

Beirut IV: En el parque temático de Hezbolá

Tres son los motivos por los que se conoce a la pequeña localidad de Baalbek, situada en el valle de la Bekaa, al este de Líbano: por el cultivo del famoso hachis libanés -un próspero negocio que no se interrumpió ni siquiera en los años más duros de la guerra civil-; por el imponente conjunto arquitectónico romano consagrado a Júpiter –el templo dedicado a Baco es uno de los mejor conservados que ha llegado a nuestros días-; y por ser la cuna de Hezbolá.

Fotografiarse con un rifle de asalto es una de las atracciones del parque de Hezbolá

Fotografiarse con un rifle de asalto es una de las atracciones del parque de Hezbolá

Quien visita Baalbek es, en principio, para deleitarse con los restos arqueológicos romanos. Sin embargo, lo primero que uno encuentra es a un vendedor ambulante ofreciendo camisetas con el logo de Hezbolá. Ya la entrada a la ciudad pone en aviso al turista a través de grandes carteles con el retrato del clérigo Nasrala. A la entrada al conjunto arquitectónico el visitante se topa con un pabellón del que suenan algo así como marchas militares y que invitan a los turistas a entrar. Es una amplia galería dedicada a la milicia. Globos, banderitas con el logo de la kalashinikov, octavillas, pegatinas… Todo propaganda. Entrar en las distintas salas es como estar en un parque temático. Incluso hay una reconstrucción de un campo de batalla donde el visitante se puede fotografiar portando metralletas, ametralladoras, bazookas y otros tipos de armas de los milicianos. Está reconstruida una sala de operaciones durante la guerra. Y una galería con crudas fotografías recuerda a la audiencia las ‘masacres’ que Israel provoco durante la guerra. Incluso hay un espacio presidido por una tumba cubierta por la bandera del partido y retratos en las paredes que rinden tributo a los milicianos caidos.

Uno de los visitantes se deja fotografiar con un bazooka

Uno de los visitantes se deja fotografiar con un bazooka

Desde que nació hace 27 años para proteger a la población chií en el contexto de una guerra civil de desgaste, el ‘Partido de Dios’ ha conseguido convertirse en la organización política más poderosa del país. Funciona como un Estado dentro de la ‘pantomima’ que es el propio Estado. Cuenta con el apoyo económico, logístico (sí, en armas también) e incondicional de Irán y Siria. Este apoyo revierte en la población en una extensa red educativa, de construcción -y reconstrucción, sobre todo en las áreas del sur del país y el barrio de Dahiya en Beirut que Israel destruyó en la guerra contra la milicia en 2006-, comunicación -cuentan con su propio canal de televisión y radio-y y de asistencia social, en especial, a los familiares de las víctimas (tanto milicianos como civiles, todos ellos mártires) de la causa contra Israel.

Una de las tiendas consagrada a la milicia chií en Baalbek

Una de las tiendas consagrada a la milicia chií en Baalbek

Pero el cuartel general de Hezbolá no se encuentra en Baalbek sino en el suburbio beirutí de Bous al Borouge. Quien visita este barrio, uno de los campos de refugiados palestinos del sur de Beirut, tiene la extraña sensación de encontrarse en otro país. No tiene nada que ver con el ‘glamour’ artificioso de la zona norte. “¿Para qué queréis ir ahí? Es peligroso?”, es lo primero que dice cualquiera al que se le pregunta por Bous al Borouge. Incluso los taxistas son reacios a llevar a la gente. A nosotros nos dejó unas calles antes de llegar al barrio, no quiere aventurarse. “No se os ocurra hacer fotos”, nos dicen. Nadie puede entrar sin el consentimiento de Hezbolá. Los milicianos regulan el tráfico en unas calles que carecen de pavimentación y sin ningún tipo de ordenación urbanística con viviendas de pésima calidad. Para hacerse una idea, sólo se me ocurre un símil: es como estar en una de las calles de Islamabad, la capital de Paquistán, aunque en el Mediterráneo. Chatila, Dahiya y prácticamente todo el suburbio sur de Beirut pertenece a la formación, así como la zona meridional del país.

Sala dedicada a los mártires de la guerra contra Israel

Sala dedicada a los mártires de la guerra contra Israel

Disciplinados hasta el paroxismo, el ‘partido de Dios’ no da pasos en falso. Hace un par de años unos disturbios provocados por la muerte en atentado en Damasco de  Imad Moughniyad, uno de los líderes del partido, estuvieron a punto de desembocar en una nueva guerra civil. En ese momento, Hezbolá ordenó a sus partidarios mantenerse al margen de provocaciones. Hace dos meses, la fuerza prooccidental que representa el partido de Saad Hariri, hijo del malogrado líder, ganó las elecciones con 71 escaños de los 128 del parlamento. Hezbolá, que obtuvo 64 escaños, reconoció su derrota y felicitó al ganador. Sin embargo, el partido ganador aún no ha podido formar gobierno por no contar con mayoría suficiente. Necesitan los escaños de Hezbolá que, a buen seguro, solicitará algún ministerio. El problema está en que si Hezbolá consigue formar parte del gobierno, esto será considerado como ‘casus belli’ por parte de Israel. El panorama se presenta, como siempre para este país, turbio.

Entrada al pabellón de Hezbolá en Baakbek

Entrada al pabellón de Hezbolá en Baakbek

La razón de ser del ‘Partido de Dios’ es el mismo Estado de Israel. Así, al menos, lo considera Roberto Arab, embajador libanés jubilado: “Sin el problema israelí, Hezbolá no tendría sentido. La única solución que se me ocurre para que desaparezca es que Israel reconozca un Estado palestino”. Algo, por otro lado, bastante dificil en la actualidad con la coalición de estrema derecha que preside en este mome

Una de las calles de Baalbek con el retrato del clérigo Hasan Nasralá, lider espiritual de Hezbolá

nto Tel Aviv.

  • ÉSTE POST ES EL CUARTO DE UNA SERIE QUE PRETENDE ACERCARSE A LA VIDA, LA SOCIEDAD Y LAS CONTRADICCIONES DE LÍBANO, UN PAÍS CONDENADO A VIVIR EN PERMANENTE TENSIÓN CON SUS VECINOS Y CONSIGO MISMO.
  • Para saber más sobre Hezbolá
  • El reportaje que hubiera querido hacer [en ingles, tres partes]

Palmira (Siria), Luis Alberto Álvarez (CC)

Beirut III: La ciudad de los naufragos

Naufragué en Beirut a las cuatro de la mañana de un miércoles. Cualquier despistado que caiga por esta ciudad lo es. Fenicios, egipcios, griegos, romanos, árabes sunnies, chiíes, cruzados, sirios menonitas, drusos, armenios…  todos ellos naufragaron antes que yo.


El taxista nos dejó en una pensión que estaba completa. Logré colar a Alberto en la única cama que  quedaba libre. Salí fuera sin saber ni dónde estaba y me puse a buscar otra pensión. La verdad es que el paisaje urbano no animaba a semejante aventura. Me acerqué a unos tipos que parecían tomar el fresco. Uno de ellos, fornido, tatuado, cabeza afeitada, moreno, cúbico, me dice que le siga. Prudente, le acompaño hacia un callejón oscuro, entramos en un edificio cochambroso. Es una pensión. Lo arreglamos todo con el muchacho recepcionista. El tipo que me acompaña charla amigable conmigo hasta el punto de mostrarme la pistola que tiene escondida en la parte trasera de su pantalón militar. No llevo ni una hora en la ciudad y ya he visto el primer arma. Días después sabría que el tipo en cuestión pertenece a Falange cristiana, una de las milicias más poderosa en un país en el que cada partido político cuenta con su brazo armado. El lugar en el que pregunté es su ‘cuartel general’ en Germaized, en la zona este de la ciudad.

Calor y humedad: el sudor permanente hace que limpiarse con un ‘kleenex’ sea el primer tic que se aprende. Uno se siente pegajoso todo el tiempo, es otro elemento que te dota de aspecto de naufrago. La gente local, según parece, transpiran mejor. Ruidosa, pasear por las calles de Beirut es masticar gasoil. El fluir de los vehículos -muchos de ellos todoterrenos de gama alta- es infernal. Alberto dice que la gasolina tienen que regalarla. De hecho, la ciudad está colapsada a cualquier hora del día, incluso de noche. Son ahora las 1:25 de la madrugada y los pitidos de los coches y el chumba-chumba de la fiesta de la azotea de un edificio no paran. Otros pisos, los semiderruidos conviven, mudos, fantasmales, aislados, con el nuevo Beirut vital y pretendidamente moderno. Alberto dice que el negocio de la construcción ha tomado el testigo al que en su momento ocupó el negocio de las armas. No sé. Puede ser.


La reconstrucción siempre es un negocio. Lo sabía bien el malogrado presidente Hariri, asesinado en 2005 con un coche bomba. Un taxista nos comenta que Rafiq Hariri arrasó lo poco que quedaba del centro de la ciudad después de la guerra, creó una zona centro que parece un escenario de cartón piedra y con los escombros de los edificios derruidos ganó terreno al mar en la zona portuaria. Todo un pelotazo del desastre. Se le acusó en su momento de corrupción urbanística. Ahora, promotoras de Qatar y Dubai se reparten el jugoso pastel de la reconstrucción con mano de obra siria mientras que los barrenderos paquistaníes dejan las aceras impolutas.

Pero no. Para nada es la ciudad más hermosa del Mediterráneo. Beirut es incómoda. Su vitalidad es su redención. El contraste, su seña de identidad. Contraste de edificios, contraste de ‘castas’ sociales, contraste de confesiones religiosas que se traduce en los distintos barrios… Un ejemplo, por estas fechas es bastante común ver a musulmanes bañándose en las rocas del malecón de La Corniche al lado de un club de playa de lo más exclusivo donde el volumen a ritmo de ‘eurodance’ es atronador.


La normalidad no deja de ser aparente. La chispa puede saltar en cualquier momento. Javier Espinosa, corresponsal de ‘El Mundo’ en la zona, me dijo en un café de Hamra (al oeste de Beirut) que me fijara en los camareros: “¿Los ves así de atractivos y bien vestidos? Pues todos son milicianos. Yo los he visto pegar tiros por estas calles en uno de esos brotes violentos frecuentes que, como vienen, se van”. De hecho, Roberto Arab, antiguo embajador de Líbano en Madrid, asegura que todos los libaneses guardan al menos un AK-47 en su vivienda. ¿Un viejo recuerdo de la guerra?. Las armas también siguen siendo un buen negocio, sus ventas y el precio de las mismas se ha triplicado desde la  última guerra. Del diplomático también es ilustrativas esta frase: “Con un libanés, tienes un periódico; con dos, un partido político; con tres, una guerra civil”.

Tal vez sea cierto, pues en la ciudad de los naufragos lo único que parece estar en calma son las aguas del Mediterráneo que regala atardeceres perfectos.

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  • Evolución política de Líbano en los últimos años

Beirut, Luis Alberto Álvarez (CC)

Beirut II: Walid Raad, el mal de archivo de un país

El operador de cámara nº 17 cometió un error fatal. Tenía como misión grabar durante horas a los transeúntes que paseaban por el malecón de La Corniche, al noroeste de Beirut, como parte del dispositivo de videovigilancia que los servicios secretos libaneses instalaron para controlar la zona de sediciosos, espías israelíes y demás individuos peligrosos para la seguridad nacional. En una de esas tediosas tardes decidió desviar la cámara… La razón: captar el momento en el que el Sol se posa, lánguido, sobre el Mediterráneo al atardecer. Eran apenas unos minutos. Cinco, diez. Un momento de evasión, el suficiente como para ser cesado de sus funciones de manera fulminante.

Fragmento del video que realizó el Operador #17 y que The Atlas Group tituló 'I only wish that I would weep' (1996, 2002)

Fragmento del video que realizó el Operador #17 y que The Atlas Group tituló 'I only wish that I would weep' (1996, 2002)

Quizá este episodio poético jamás ocurrió. Quizá se trate de una mera construcción. De una ficción. En cualquier caso, el artista Walid Raad (Beirut, 1967) lo ha documentado como un episodio más de la Historia reciente de Líbano y lo ha incorporado dentro del proyecto The Atlas Group (1989-2004) que se puede ver estos días (hasta el 31 de agosto) en el Museo Reina Sofía de Madrid dentro del programa de PhotoEspaña 2009.

Con este trabajo Raad presenta -con cierta sorna, dicho sea de paso- los traumáticos acontecimientos sufridos durante la Guerra Civil de Líbano (1975-1990) a modo de recopilación archivistico-artística. La problemática radica en que -como todo historiador y periodista conoce- los acontecimientos son los elementos más susceptibles de ser falseados y dirigidos. Algo que ya había denunciado Jacques Derrida en su libro ‘Mal de archivo’. No por recopilar, clasificar y organizar todos los documentos que han tenido lugar en un espacio y un tiempo determinados se puede reconstruir los hechos como realmente ocurrieron.

La clave de la ‘performance ilustrada’ de Raad estriba en que, partiendo de esta premisa, incorpora un elemento clave: el subjetivo, el de la vivencia de los protagonistas, reales o no, de los hechos que ocurrieron. Así, divide el magno trabajo en tres tipos de documentos: el tipo A, que tiene un autor determinado; el tipo FD, que no es más que un documento encontrado, sea original o ficticio; y el tipo AGP, producido por el propio The Atlas Group. Veamos un ejemplo de cada uno de ellos.

-Tipo A: ‘My neck is thinner than a hair’ (1975-1990). Se trata de la recopilación de fotografías de los motores intactos de los coches bomba que se utilizaron en la contienda. Al parecer los reporteros gráficos competían para encontrar el motor entre los restos del atentado. En total, The Atlas Group recopila 72 fotografías de archivos oficiales de Beirut como el An-Nahur Reseach Center o el Arab Documentation Center.

Una de las 72 fotografías de archivo que componen 'My neck is thinner than a hair (1975-1990)

Una de las 72 fotografías de archivo que componen 'My neck is thinner than a hair (1975-1990)

Tipo FD: ‘Secrets in the open sea’ (1993): 29 impresiones fotográficas monocromáticas y de gran tamaño encontradas bajo los escombros de la ciudad. Según el relato, los laboratorios consiguieron recuperar pequeñas imágenes que pertenecían a grupos de personas que se encontraron muertos en aguas del Mediterráneo durante la guerra. ¿Es eso cierto o es una construcción?

Una de las láminas de 'Secrets in the open sea' (1994), en la esquina inferior derecha se muestra el positivado que ocultaba

Una de las láminas de 'Secrets in the open sea' (1994), en la esquina inferior derecha se muestra el positivado que ocultaba

Tipo AGP: ‘We decided to let them say we are convinced twice’ (1982, 2002). Son las fotografías que el propio Raad realizó, según dice, en la parte este de Beirut en verano de 1982, cuando tenía tan sólo 15 años. “El este aceptaba la invasión israelí, la parte oeste la intentaba repeler entre la OLP, Siria y el ejército libanés”, dice el artista. En 2002 decidió volver a mirar las instantáneas que llevaban en estado ‘latente’ durante 20 años. El resultado son unas imágenes de gran tamaño, con un positivado tosco, que marca el paso del tiempo y en el que se distinguen explosiones en la ciudad, cazas israelíes sobre el cielo, gente mirando el panorama desolador e israelíes descansando bajo los tanques invasores. Es decir, el día a día de un país que sufrió durante 15 años una sangrante guerra civil. Poco importa la ficción. La realidad la superó con creces.

Una de las instantáneas de 'We decided to let them say we are convinced twice' (Walid Raad, 1982, 2002)

Una de las instantáneas de 'We decided to let them say we are convinced twice' (Walid Raad, 1982, 2002)

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  • Información de la exposición The Atlas Group en el Museo Reina Sofía
  • Para saber más sobre Walid Raad [en inglés]

Beirut, Luis Alberto Álvarez (CC)

Beirut I: Arqueología de un viaje (Análisis de la imagen ganadora en la WPP 2006)

Joven libanés conduce a través del devastado Barrio Sur de Beirut, 15 de Agosto (Spencer Platt, Getty Images)

Ante el inminente traslado de Des·Orientaciones a Líbano y Siria durante las próximas semanas, he querido recuperar este post que publiqué hace ya dos años y medio (el 13 de febrero de 2007) en un proyecto de blog que se llamó ‘Crónica de acontecimientos’. Es, a buen seguro, el germen de mi aventura por Oriente Medio. La imagen que vemos es la ganadora del World Press Photo de 2006, una gran fotografía que lleva implícita las contradicciones de las guerras actuales. Se trata del conflicto que tuvo lugar en verano de 2006 entre Israel y la milicia de Hezbolá y que devastó literalmente el barrio chií al sur de Beirut. Sin embargo, el grupo que lidera el clérigo Hasán Nasralá consiguió presentarse ante la opinión pública como ganador -si es que en una guerra los hay- de la contienda.

¿Qué tiene esta instantánea que nos resulta tan natural y a la vez tan terrible? Evidentemente, lo paradójico de la misma, lo que los semiólogos denominan retórica de la imágen; esta fotografía es, no cabe duda, un homenaje a la retórica visual, recurso harto utilizado por los profesionales de la imagen y que muy bien ha descrito Íñigo Saenz de Ugarte en su fantástico blog.

La retórica funciona en el momento en el que se colocan dos elementos, a priori, contradictorios en un mismo campo de acción. En este caso sería el escenario de destrucción de la barriada sur de Beirut y los cuatro ‘pijos’ de la zona rica de la ciudad que se dan una vuelta en su ‘casi’  impoluto descapotable como turistas de la miseria. Su extrañeza ante tal barbarie es la de nuestra sociedad acomodada. Encontramos, así, una doble retórica.

La imágen es fresca, está plagada de efectos reales, es decir, de situaciones que dotan a la instantánea de verosimilitud, de una cotidianidad que transgrede la nuestra de espectador, en tanto que nos vemos reflejados en ella: la chica del fondo del coche que toma fotos con el móvil, los jóvenes que pasean en el segundo plano como si no fuera con ellos el escenario del que son testigos y, sobre todo, las dos mujeres del primer plano que ven y huelen aquello que no podemos ver ni oler por encontrarse fuera de nuestro campo visual.

Subsiste, por tanto, un discurso que remite al mito del espectador-testigo del acontecimiento periodístico, que mira desde su torre de marfil en forma de descapotable aquello que le es ajeno.

Antes he comentado que el vehículo está ‘casi’ impoluto; en efecto, en su puerta, en primer plano, se puede distinguir lo que parece un excremento de pájaro. La mancha sería lo que Barthes denominaría el ‘punctum’ del discurso visual, en tanto que viene a reforzar más si cabe la retórica antes mencionada con unas connotaciones paradójicas que rozan la poesía.

Dedicado a Isabel Rodríguez

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  • Página de World Press Photo.
  • Para conocer más sobre la Guerra de Líbano en 2006.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

Malick Sidibé, Premio PhotoEspaña 2009: La humildad como transgresión

La gran estrella de la última edición de PhotoEspaña es Annie Leibovitz. Una fotógrafa en la ruina tras haber sido estafada por Maddoff. No es de extrañar que ahora esté ávida por realizar ‘tournées’ en todo el mundo para recaudar pasta. En cualquier caso, Leibovitz representa mejor que nadie la tónica en la última edición del certamen fotográfico: imágenes estilizadas hasta el delirio, retratos irreales, construcciones artificiosas… Por ello, es de agradecer que este año haya recibido el Premio Photoespaña 2009 Malick Sidibé (85 años) quien, desde su trabajo artesano en su humilde estudio de Bamako (capital de Mali), ha salvaguardado la esencia del retrato fotográfico.

Soirée Las vegas dez Kamissoko

Soirée Las vegas dez Kamissoko

El tema de la muestra de este año gira en torno a la ‘cotidianeidad’, ese extrano ritual de las cosas que se convierten en habituales. “Contienen más verdades las 24 horas de la vida de un hombre que todas las filosofías”, decía en el 68 el situacionista Raoul Vaneigem. Y es exáctamente sobre esta trascencencia cotidiana y la verdad que mana de ella por donde se mueve el fotógrafo malí. Consigue que sus imágenes se conviertan en el retrato de un país que aborda su presente -los años 60 y 70- y su futuro con el optimismo de su recien obtenida independencia de Francia.

Surprise party Bamako Loura, años 60

Surprise party Bamako Loura, años 60

La exposición ‘Bamako Style’, que se puede ver estos días en la Galería Oliva Arauna de Madrid, se divide claramente en dos grandes temáticas: las imágenes de la ‘permanente’ fiesta que supusieron los años 60 -la vida nocturna, los bailes, la juventud vestida al modo occidental pero sin perder su orgullo africano…- y el trabajo del fotógrafo, ya en los 70, en el estudio del barrio de Bagadati, en la capital malí. Las composiciones en todas sus instantáneas se caracterizan por ser sencillas, desornamentadas, elegantes. Los rostros posan de forma natural. No hay artificios.

Bal jeunesse RDA, años 60

Bal jeunesse RDA, años 60

En los 70, mientras los teóricos posmodernos elucubraban sobre el sentido último de lo que debe ser el dispositivo fotográfico, Sidibé  se encierra en su estudio de Bamako y no para de realizar retratos. No hay complejidades que valga, su máxima es que “aquel que se va a retratar quiere estar guapo. Es labor del fotógrafo hacer que esto suceda”.  Sin más… y sin menos. Modernidad sin pretensiones. La misma que hizo que Nadar o Disderi revolucionaran el retrato hace siglo y medio. La única referencia que Sidibé tiene para clasificar sus innumerables fotos son los sencillos decorados que va modificando levemente una vez al año.

A deux pour la meme femme, años 70

A deux pour la meme femme, años 70

Mención especial merece Oliva, la galerista. Cincuenta y tantos, alta, delgada, cara lavada, negro riguroso, con la serenidad de quien cree sin ambages en lo que hace… una conversación con ella significa redescubrir ysaborear de nuevo el arte, esa cosa tan rara y caprichosa que prefiere escabuirse entre tanto mercado, fuegos de artificio y estafadores.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

La menstruación según Artemisia Gentileschi: ‘Judit y Holofernes’

“Mi corazón pertenece a Francia, pero mi coño es mío”, es lo que, al parecer, respondió Coco Chanel tras ser interrogada por su más que estrecha relación con unos cuantos oficiales nazis -las malas lenguas dicen que un regimiento- durante la ocupación alemana en París. Entre los maniquís, telas, patrones, tijeras… que decoraban su suite del hotel de la Place Vendôme donde vivía, no faltaba nunca un uniforme tirado de cualquier manera olvidado por algún apuesto germano. En este episodio apócrifio de su vida, la hagiografiada diseñadora dejaba claro que no había sido colaboracionista. También que era mujer y, como tal, deseaba.

'Judit y Holofernes' de Artemisia Gentileschi (1613). M. N. di Capodimonte, Nápoles

La tenebrista -en todos los sentidos- Artemisia Gentileschi (Roma, 1593-Nápoles, 1653) también tuvo conciencia temprana de su rol sexual, aunque por causas bien distintas. De núbil sufrió la violación de uno de sus maestro. Fue entonces cuando su pintura abrazó el escorzo y la tensión dramática heredada de otro pintor complejo donde los haya: Caravaggio. Con el trauma aún reciente, la pintora, aupada en los últimos años como referente del feminismo artístico, realizó su versión de ‘Judit y Holofernes’ (1613), que se encuentra estos días en el Museo Thyssen de Madrid (hasta el 2 de agosto) procedente del Museo Nazionale di Capodimonte de Nápoles.

El antecedente de esta obra es la versión de Caravaggio. Comparar ambas puede ofrecer luz sobre uno de los motivos más violentos que pueden existir en la iconografía barroca y, por extensión, sobre la pulsión que subyace detrás de la personalidad de sus autores. En el ‘Judit y Holofernes’ (1599) de Caravaggio existe una extrañeza en el rostro de la propia Judit mientras ejecuta al general asirio. Separada del cuerpo martirizado, ella misma está sorprendida por la orgía de sangre. Abra, la asistena de la heroína, pintada como vieja alcahueta, aguarda paciente con el paño el momento en que la cabeza se desprenda del cuello. El malparado Holofernes es sorprendido y su cuerpo apenas ofrece resistencia mientras un gran chorro de sangre clara, limpia, escapa, como si de una eyaculación se tratara,  sin apenas manchar el entorno. La composición es horizontal, lo que implica pasividad, la tela roja del fondo dota de teatralidad a la acción. La herida abierta, en vertical y explicitada en el cuadro podría recordar al propio sexo femenino. Una imagen masturbatoria, explícita.

'Judit y Holofernes' (1599), de M. Caravaggio. G. N. d'Arte Antica (Roma)

No ocurre lo mismo en la versión de Gentileschi. Más bien todo lo contrario. En la obra de la artista romana, la mujer desempeña un papel activo, traducido en la verticalidad de la composición. El rictus de Judit no es ya de asco, sino más bien fría, de saña, remarcada por la tela azul que cubre su cuerpo. Su asistenta desempeña también  un papel dinámico, el de prender al tirano. Y el asesinado subraya la violencia de la acción con los brazos intentando desasirse. Pero lo más perturbador de la imagen -puesto que hablamos de uno de los cuadros más perturbadores de la Historia- es, sin duda, el hecho de que la sangre del sacrificado no salga a borbotones, sino que chorree. La herida se oculta tras una sangre oscura, coagulada, que contrasta con el blanco de las sábanas. Es una sangre pestilente, impura. Sangre menstrual. Gentileschi pinta, literalmente, desde sus entrañas.

Es una violencia que roza el tabú: “Estos líquidos son considerados manifestaciones de la violencia interna. El líquido menstrual tiene, además, el sentido de la actividad sexual y de la mancha que de ella proviene; esa suciedad es uno de los efectos de la violencia”, escribía George Bataille en su imprescindible ‘El erotismo’ (Tusquets, 1997).  En esta ‘Judit y Holofernes’ los discípulos de Lacan no verán más que el acto de la castración simbólica del amante arrastrado por el ciclo menstrual de su pareja.

Dedicado a Emilia Landaluce

  • Ficha de la exposición
  • Para saber más sobre Artemisia Gentileschi

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

La muerte de Michael Jackson, twitteada

Son las ventajas de estar en una redacción. Los rumores se van acentuando hasta que se confirman por varias fuentes. Antes de que a los periódicos les diera tiempo a reaccionar, Twitter echaba humos. He aquí mi relato:

23:57 (@laalvarez) #michaeljackson MICHAEL JACKSON HA MUERTO, SEGÚN TMZ http://cort.as/_ha

23:58 (@laalvarez) #michaeljackson MICHAEL JACKSON IS DEAD, TMZ SAID http://cort.as/_ha
Comentarios:
00:00 (@patty) aun no se ha muerto…sigue hospitalizado
00:03 (@patty) segun lo que estoy viendo en live cnn
00:03 (@laalvarez) echa un vistazo al enlace. Estoy ahora mismo en la redacción y esto está que arde…
00:06 (@laalvarez) se están haciendo eco todas las agencias, AFP, Reuters…
00:09 (@patty) ya he visto, pero dicen que esa noticia esta unconfirmed
00:11 (@laalvarez) por eso hay que citar la fuente
00:26 (@patty) parece que ya si….vaya vaya

00:37 (@laalvarez) #michaeljackson Los Ángeles Times confirma la muerte de Michael Jackson http://cort.as/_ht

A partir de ese momento todas las ediciones online recogen la noticia. Twitter se perfila, de este modo, como fuente de primerísimo orden, antes incluso que las agencias. Todo depende del uso que se le dé. Los rumores también campan a sus anchas. Por ejemplo, está circulando en este momento la falsa muerte del actor Jeff Goldblum en Twitter.

De todos modos, vaya desde Des·Orientaciones un pequeño homenaje a un músico a todas luces irrepetible.

El etarra ‘hardcoreta’

Llego a la redacción y lo que me encuentro en la portada de los periódicos es la imagen de un tal Patxi Uranga, esposado y flanqueado por dos policías encapuchados. Él también lleva la capucha puesta. La de su canguro. El colega Patxi pertenece a un comando desarticulado de ETA.

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La prenda que luce me ha llamado la atención en tanto que es igual a una que yo tenía cuando era más joven. Pertenece al grupo Sick of it all, una de las bandas más punteras de hardcore de la costa este. La cosa quedaría en anécdota de no ser porque también lleva puesto unos ‘pantacas’ cortos de la marca Dickies clavados a otros que yo tengo.

El hecho de que el tipo lleve la misma indumentaria que yo cuando voy de calle -aunque jamás me dejaría ver con la mosca del mentón- genera en mí sentimientos encontrados. Por un lado, siento empatía por el individuo en cuestión. No me resulta difícil imaginármelo en un skatepark pasándome la maría de su cosecha o en un antro intercambiando patadas y puñetazos a modo de baile pogo con quien suscribe el post. Pero también proyecta en mi ánimo un rechazo punzante por haberse dejado arrastra por el lavado de cerebro de la organización terrorista. Me temo que en un momento dado no supo bajar un poquito la música para oir hablar al personal.

Conclusión: ¡Hardcoretas del mundo, pasad de la lucha armada!

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