La eterna alianza entre el arte y la guerra

por Luis Alberto Álvarez

El pintor colombiano Fernando Botero ha donado recientemente a EE UU 47 obras de su serie sobre las torturas de los soldados norteamericanos en las cárceles de Abu Ghraib. Y es que, desde el inicio de la civilización el artista ha sentido la necesidad de plasmar sobre cualquier soporte, ya sea lienzo, roca esculpida o la pared de una cueva, las hazañas militares de los suyos, convertir a sus rivales en dignos contrincantes o denunciar los desastres de una guerra absurda. En el arte de la guerra, el arte como tal, siempre ha tenido mucho que decir.

Pintura de la serie sobre las Torturas de Abu Ghraib, por Botero (2005)

    En el mundo antíguo son innumerables los relieves que han llegado a nosotros en los que se narra de manera épica la lucha encarnizada entre los distintos pueblos. Los asirios de Mesopotamia, así como los egipcios recreaban los desfiles precedentes a la guerra, la acción de la guerra en sí donde los reyes y los faraones aparecían sobredimensionados, y la procesión posterior de la victoria, con los prisioneros derrotados y capturados. Aún así, las imágenes de la guerra resultaban bastante estática. Estamos en los inicios de la civilización y el arte aún no dispone de autonomía propia, sino que está al servicio del monarca para ensalzar lo máximo posible su divinidad. Asistimos por tanto a la primera utilización política del arte, con una finalidad marcadamente propagandística.

    Esto cambiará a partir de la civilización griega. En el siglo V a.C los griegos dotarán de autonomía al arte. Su discurso ya no será servil, sino que abrirá las puertas a un nuevo lenguaje que captará el sentir profundo del pueblo al que pertenece. Así, en las metopas del Partenón en Atenas encontraremos la Gigantomaquia, la Amazonomaquia, la Centauromaquia, así como escenas de la Guerra de Troya. En estos relieves la imágen ya no es jerárquica sino que son escenas de cuerpo a cuerpo, donde se enfrentan dos concepciones distintas de entender el mundo: la lucha entre la hybris (o desmesura) y la sophrosine (o autocontrol); es evidente que existía una traducción política de aquello, la civilización griega como ejemplo de moderación frente a la desmesura de los bárbaros persas. Se puede entender, por tanto, como una ilustración temprana del choque de civilizaciones de Huntington y preconizada por los neocons de medio mundo. Sin embargo esta interpretación de la lucha que se narra en el Partenón resultaría simplista puesto que la lucha que en ella se narra es también la batalla interna que libra todo ser humano consigo mismo.


Centauromaquia, metopa del Partenón (S. V a.C.), Museo Británico de Londres

Helenismo: un periodo de gran fuerza expresiva

    El Helenismo es un período que comienza tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. y que perdurará hasta la muerte de la legendaria reina Cleopatra, última monarca helenística, en el año 30 a.C. Artísticamente hablando es un período barroco, las esculturas se estilizan hasta el delirio, su movimiento y el control de las expresiones tanto corporales como en los gestos serán difícilmente igualables hasta siglos más tarde. Un bello ejemplo de escultura helenística de temática bélica la encontramos en el célebre Galo Moribundo del Museo Capitolino de Roma, datado hacia el 240 a.C. En ella se le dota al enemigo de una dignidad que hasta entonces resultaba desconocida en el mundo del arte: la derrota, la soledad y el dolor se unen para mostrar que el contrincante es otro ser humano como nosotros.


Galo Moribundo (c.240 a.C), Museo Capitolino de Roma

    En un salto cualitativo aterrizamos ya en la Baja Edad Media, donde la pintura medieval alcanza su máxima expresión. La Batalla de San Romano tríptico de Paolo Uccello, condensa magníficamente el espíritu bélico de la época: bellatores comandados por el señor feudal se enfrentan entre sí por el control de las tierras. El caos y el gusto por el detalle son especialmente relevantes en esta mágnífica tela que recuerda al mosaico encontrado en Pompeya que muestra al ejército de Alejandro Magno luchando contra los persas.


La batalla de San Romano de Paolo Uccello (1456), National Gallery de Londres

    A lo largo del período que va desde el Renacimiento (último cuarto del siglo XV) al Barroco (último cuarto del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII), los artistas plasmarán obras bélicas de los enfrentaminetos entre los estados nación de la época. Sin embargo, llama la atención en especial el distanciamiento característico que existe entre el artista y el teatro de operaciones. Es la época donde se desarrolla el paisaje como nuevo género. Se utilizará así la temática bélica de los cuadros como pretexto para que el artista experimente con el paisaje, sus tonalidades, sus luces, etcétera. La figura humana resulta anecdótica frente a la grandeza de la naturaleza y de la batalla. Un ejemplo lo encontramos en la pintura holandesa del siglo XVII.


Ataque holandés en Medway, por Pieter Cornelisz van Soest (c.1667)

Goya, el pintor moderno

    Francisco de Goya fue, sin duda, el primer pintor moderno. Más allá de sus hallazgos formales, fue quien dotó de una nueva y desgarradora visión a la enquilosada temática bélica en el arte. La serie de grabados Los Desastres de la Guerra dan buena cuenta de ello. La originalidad consiste en no hayarle el sentido a la guerra, en sólo encontrar el lado irracional y carente de cualquier dignidad humana. Esta visión, no sólo influenciará a los artistas del siglo XIX sino que los principales movimientos artísticos del siglo XX, como el surrealismo, el dadá o el expresionismo no se pueden entender sin este giro copernicano de Goya. Incluso la serie de Botero sobre las Torturas de Abu Ghraib tiene una influencia decisiva de los Desastres de Goya.


Grabado nº 39 de la serie Desastres de la Guerra, Francisco de Goya (1810-1815)

    El siglo XX arranca con una apología del militarismo y de la guerra de la mano de futuristas italianos como Marinetti, que en sus manifiestos ensalza los valores estéticos de los nuevos carros de combate y demás artilugios bélicos. Sin embargo si una obra define el siglo XX, siglo de grandes progresos, como la luz eléctrica, y de grandes desastres bélicos, esa obra es Guernica de Picasso. En ella se muestra con especial crudeza las consecuencias de ataque masivo dirigido hacia la población civil. Muestra la otra cara de la guerra, los verdaderos perdedores de todos los combates, los más débiles: mujeres, niños, ancianos… Se ha convertido en todo un alegato en favor de la paz y en contra de todos los conflicto desde el mismo momento en que Picasso lo pintó en 1937.


Guernica de Pablo Ruiz Picasso (1937) Museo Reina Sofía de Madrid

La fotografía como nuevo soporte de la estética bélica

    A partir de este momento la guerra será retratada en especial por los reporteros gráficos. Quizá sea Robert Cappa y la Agencia Magnum enfrentamientos, que él mismo fundó, quienes mejor han sabido construir iconos a partir sus instantáneas en las zonas de conflicto. Los fotógrafos de guerra se han acercado a los conflictos desde tódos los ángulos, pero en especial, han sabido dar voz a las víctimas de los daños colaterales. Un ejemplo de fotografía equilibrada, contenida, y con trasfondo bélico sea la imágen de boda que Nina Berman realizó a un marine norteamercano veterano de Irak. El soldado está deformado por las quemaduras causadas en los enfrentamientos que libró en el país asiático.

Fotografía de la serie Marine Wedding, de Nina Berman (2005)

    El cine también ha realizado obras de género bélico que hasta hace 30 años, y aún hoy, tiene un componente propagandístico bastante marcado. Dignas excepciones como Apocalipsis Now (1979) de Francis Ford Coppola, han conseguido encumbrar a lo más alto a este género.

    Todo hace entrever que la guerra y los conflictos van a continuar siendo fuente de inspiración de multitud de artistas de todo el mundo. A ellos corresponde, por tanto, el que el discurso que generen con sus obras tenga la fuerza suficiente como para que la ciudadanía tome consciencia de la necesidad fin de erradicar la barbarie en el mundo.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)