Bicicrítica: “Si el coche te quema, quema tu coche”

por Luis Alberto Álvarez

Como todos los últimos jueves de cada mes Bicicrítica concentró a más de quinientos ciclistas el pasado 25 de octubre. Sin embargo esta última convocatoria fue especial, el colectivo cumplía 3 años y para celebrarlo emplazó al cada vez mayor número de ciclistas a asistir elegantes para la ocasión.

    Los ciclistas nos fuimos reuniendo desde las ocho de la tarde en el Palacio de Correos -nueva sede del Ayuntamiento de Madrid- en la plaza de Cibeles. Media hora después llegó Juanma, uno de los organizadores de la marcha, vestido de etiqueta y con unos altavoces remolcados por su propia bici de donde sonaban los pasajes más celebres de la opera la Walkiria de Wagner. La marcha daba comienzo.

    Arrancamos dando varias vueltas alrededor de la Cibeles, las suficientes para colapsar el tráfico de Recoletos y Alcalá. Poco a poco fuimos subiendo la calle Recoletos dirección norte hacia Colón. Era la primera vez que yo participaba en una concentración de este tipo y no entendía por qué había ciclistas que se paraban a los lado. Hugo Martínez, uno de ellos, me dijo que estaban haciendo tapón para que no pasaran los coches. Me resultó una grata sorpresa ver de nuevo el rostro de Hugo hace unos días en las páginas de un periódico por haber denunciado a Pío Moa por injurias y humillación a las víctimas del franquismo. Su coherencia le hace llevar el lema de “No Pasarán” a todos los aspectos de la vida. Yo también me he sumado a esta denuncia desde su blog.

     De forma inmediata me aficioné a hacer tapón con mi bici y me labré el odio de los conductores que no entendían por qué nos plantábamos en medio de la carretera. Una vez en Colón subimos la calle Jorge Juan para coger Serrano con dirección a la Puerta de Alcalá. Recuerdo que, haciendo tapón allí, una señora que iba de copiloto en el coche con su marido y que no entendía por qué no les dejábamos pasar lanzó un “¿Y esto por qué?” entre apesadumbrado y con rabia, a lo que contestó un ciclista de unos 40 con la cabeza afeitada: “Porque sí” mientras me miraba como diciendo “¿No te jode la vieja esta?”.

    La marcha era una fiesta, no paraban de sonar los timbres y los cláxones de las bicis, y cada vez que un conducto nos increpaba le lanzábamos al unísono un “Si el coche te quema, quema tu coche” o una especie de grito de guerra indio. Los policías municipales que nos escoltaban hacían las veces de comparsa, apenas pintaban nada, salvo tocarle la moral a muchos de nosotros; no censuraron a lo largo de la marcha a la multitud de actuaciones incívicas que los conductores tuvieron a nuestro paso.

    Desde la Puerta de Alcalá fuimos rodeando el Retiro primero por la Calle Alcalá y O’Donnell para luego tomar la Avenida Menéndez Pelayo hacia el sur hasta la plaza Mariano de Cavía. En esa zona fue donde ocurrió el incidente más grave de la velada, protagonizado, cómo no, por los policía municipales. Con ocasión de la división del pelotón en el último tramo de la marcha, los municipales quisieron aguar la fiesta al pretender detener a Isaac, uno de los ciclistas que marchaban en la cola. Al parecer a los municipales les resultaba demasiado irreverente el atuendo de Isaac, que iba vestido con traje claro al revés -la parte de la corbata a la espalda- y tocado con un tricornio. En cuanto se fue extendiendo que querían detenerle nos dirigimos todos a la zona y, ante el caos de tráfico que estábamos organizando, los municipales, muy a su pesar, dieron marcha atrás a sus pretensiones.

    La marcha se reanudó para concluir en el Centro Social Seco. Una vez allí la fiesta continuó con una sabrosa comida popular a base de humus y ensalada de pasta para reponer energías, música, cerveza y una rifa de una bici o un candado que fue a parar al número 520 blanco, precisamente el que tenía Isaac, quien eligió la bici. Enhorabuena Isaac, otro día me tocará a mí.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)