DES·ORIENTACIONES

Revista cultural para combatir el tedio estival

Mes: julio, 2009

Beirut III: La ciudad de los naufragos

Naufragué en Beirut a las cuatro de la mañana de un miércoles. Cualquier despistado que caiga por esta ciudad lo es. Fenicios, egipcios, griegos, romanos, árabes sunnies, chiíes, cruzados, sirios menonitas, drusos, armenios…  todos ellos naufragaron antes que yo.


El taxista nos dejó en una pensión que estaba completa. Logré colar a Alberto en la única cama que  quedaba libre. Salí fuera sin saber ni dónde estaba y me puse a buscar otra pensión. La verdad es que el paisaje urbano no animaba a semejante aventura. Me acerqué a unos tipos que parecían tomar el fresco. Uno de ellos, fornido, tatuado, cabeza afeitada, moreno, cúbico, me dice que le siga. Prudente, le acompaño hacia un callejón oscuro, entramos en un edificio cochambroso. Es una pensión. Lo arreglamos todo con el muchacho recepcionista. El tipo que me acompaña charla amigable conmigo hasta el punto de mostrarme la pistola que tiene escondida en la parte trasera de su pantalón militar. No llevo ni una hora en la ciudad y ya he visto el primer arma. Días después sabría que el tipo en cuestión pertenece a Falange cristiana, una de las milicias más poderosa en un país en el que cada partido político cuenta con su brazo armado. El lugar en el que pregunté es su ‘cuartel general’ en Germaized, en la zona este de la ciudad.

Calor y humedad: el sudor permanente hace que limpiarse con un ‘kleenex’ sea el primer tic que se aprende. Uno se siente pegajoso todo el tiempo, es otro elemento que te dota de aspecto de naufrago. La gente local, según parece, transpiran mejor. Ruidosa, pasear por las calles de Beirut es masticar gasoil. El fluir de los vehículos -muchos de ellos todoterrenos de gama alta- es infernal. Alberto dice que la gasolina tienen que regalarla. De hecho, la ciudad está colapsada a cualquier hora del día, incluso de noche. Son ahora las 1:25 de la madrugada y los pitidos de los coches y el chumba-chumba de la fiesta de la azotea de un edificio no paran. Otros pisos, los semiderruidos conviven, mudos, fantasmales, aislados, con el nuevo Beirut vital y pretendidamente moderno. Alberto dice que el negocio de la construcción ha tomado el testigo al que en su momento ocupó el negocio de las armas. No sé. Puede ser.


La reconstrucción siempre es un negocio. Lo sabía bien el malogrado presidente Hariri, asesinado en 2005 con un coche bomba. Un taxista nos comenta que Rafiq Hariri arrasó lo poco que quedaba del centro de la ciudad después de la guerra, creó una zona centro que parece un escenario de cartón piedra y con los escombros de los edificios derruidos ganó terreno al mar en la zona portuaria. Todo un pelotazo del desastre. Se le acusó en su momento de corrupción urbanística. Ahora, promotoras de Qatar y Dubai se reparten el jugoso pastel de la reconstrucción con mano de obra siria mientras que los barrenderos paquistaníes dejan las aceras impolutas.

Pero no. Para nada es la ciudad más hermosa del Mediterráneo. Beirut es incómoda. Su vitalidad es su redención. El contraste, su seña de identidad. Contraste de edificios, contraste de ‘castas’ sociales, contraste de confesiones religiosas que se traduce en los distintos barrios… Un ejemplo, por estas fechas es bastante común ver a musulmanes bañándose en las rocas del malecón de La Corniche al lado de un club de playa de lo más exclusivo donde el volumen a ritmo de ‘eurodance’ es atronador.


La normalidad no deja de ser aparente. La chispa puede saltar en cualquier momento. Javier Espinosa, corresponsal de ‘El Mundo’ en la zona, me dijo en un café de Hamra (al oeste de Beirut) que me fijara en los camareros: “¿Los ves así de atractivos y bien vestidos? Pues todos son milicianos. Yo los he visto pegar tiros por estas calles en uno de esos brotes violentos frecuentes que, como vienen, se van”. De hecho, Roberto Arab, antiguo embajador de Líbano en Madrid, asegura que todos los libaneses guardan al menos un AK-47 en su vivienda. ¿Un viejo recuerdo de la guerra?. Las armas también siguen siendo un buen negocio, sus ventas y el precio de las mismas se ha triplicado desde la  última guerra. Del diplomático también es ilustrativas esta frase: “Con un libanés, tienes un periódico; con dos, un partido político; con tres, una guerra civil”.

Tal vez sea cierto, pues en la ciudad de los naufragos lo único que parece estar en calma son las aguas del Mediterráneo que regala atardeceres perfectos.

  • ÉSTE POST ES EL TERCERO DE UNA SERIE QUE SE ACERCA A LA VIDA, LA SOCIEDAD Y LAS CONTRADICCIONES DE LÍBANO, UN PAÍS CONDENADO A VIVIR EN PERMANENTE TENSIÓN CON SUS VECINOS Y CONSIGO MISMO.
  • Evolución política de Líbano en los últimos años

Beirut, Luis Alberto Álvarez (CC)

Anuncios

Beirut II: Walid Raad, el mal de archivo de un país

El operador de cámara nº 17 cometió un error fatal. Tenía como misión grabar durante horas a los transeúntes que paseaban por el malecón de La Corniche, al noroeste de Beirut, como parte del dispositivo de videovigilancia que los servicios secretos libaneses instalaron para controlar la zona de sediciosos, espías israelíes y demás individuos peligrosos para la seguridad nacional. En una de esas tediosas tardes decidió desviar la cámara… La razón: captar el momento en el que el Sol se posa, lánguido, sobre el Mediterráneo al atardecer. Eran apenas unos minutos. Cinco, diez. Un momento de evasión, el suficiente como para ser cesado de sus funciones de manera fulminante.

Fragmento del video que realizó el Operador #17 y que The Atlas Group tituló 'I only wish that I would weep' (1996, 2002)

Fragmento del video que realizó el Operador #17 y que The Atlas Group tituló 'I only wish that I would weep' (1996, 2002)

Quizá este episodio poético jamás ocurrió. Quizá se trate de una mera construcción. De una ficción. En cualquier caso, el artista Walid Raad (Beirut, 1967) lo ha documentado como un episodio más de la Historia reciente de Líbano y lo ha incorporado dentro del proyecto The Atlas Group (1989-2004) que se puede ver estos días (hasta el 31 de agosto) en el Museo Reina Sofía de Madrid dentro del programa de PhotoEspaña 2009.

Con este trabajo Raad presenta -con cierta sorna, dicho sea de paso- los traumáticos acontecimientos sufridos durante la Guerra Civil de Líbano (1975-1990) a modo de recopilación archivistico-artística. La problemática radica en que -como todo historiador y periodista conoce- los acontecimientos son los elementos más susceptibles de ser falseados y dirigidos. Algo que ya había denunciado Jacques Derrida en su libro ‘Mal de archivo’. No por recopilar, clasificar y organizar todos los documentos que han tenido lugar en un espacio y un tiempo determinados se puede reconstruir los hechos como realmente ocurrieron.

La clave de la ‘performance ilustrada’ de Raad estriba en que, partiendo de esta premisa, incorpora un elemento clave: el subjetivo, el de la vivencia de los protagonistas, reales o no, de los hechos que ocurrieron. Así, divide el magno trabajo en tres tipos de documentos: el tipo A, que tiene un autor determinado; el tipo FD, que no es más que un documento encontrado, sea original o ficticio; y el tipo AGP, producido por el propio The Atlas Group. Veamos un ejemplo de cada uno de ellos.

-Tipo A: ‘My neck is thinner than a hair’ (1975-1990). Se trata de la recopilación de fotografías de los motores intactos de los coches bomba que se utilizaron en la contienda. Al parecer los reporteros gráficos competían para encontrar el motor entre los restos del atentado. En total, The Atlas Group recopila 72 fotografías de archivos oficiales de Beirut como el An-Nahur Reseach Center o el Arab Documentation Center.

Una de las 72 fotografías de archivo que componen 'My neck is thinner than a hair (1975-1990)

Una de las 72 fotografías de archivo que componen 'My neck is thinner than a hair (1975-1990)

Tipo FD: ‘Secrets in the open sea’ (1993): 29 impresiones fotográficas monocromáticas y de gran tamaño encontradas bajo los escombros de la ciudad. Según el relato, los laboratorios consiguieron recuperar pequeñas imágenes que pertenecían a grupos de personas que se encontraron muertos en aguas del Mediterráneo durante la guerra. ¿Es eso cierto o es una construcción?

Una de las láminas de 'Secrets in the open sea' (1994), en la esquina inferior derecha se muestra el positivado que ocultaba

Una de las láminas de 'Secrets in the open sea' (1994), en la esquina inferior derecha se muestra el positivado que ocultaba

Tipo AGP: ‘We decided to let them say we are convinced twice’ (1982, 2002). Son las fotografías que el propio Raad realizó, según dice, en la parte este de Beirut en verano de 1982, cuando tenía tan sólo 15 años. “El este aceptaba la invasión israelí, la parte oeste la intentaba repeler entre la OLP, Siria y el ejército libanés”, dice el artista. En 2002 decidió volver a mirar las instantáneas que llevaban en estado ‘latente’ durante 20 años. El resultado son unas imágenes de gran tamaño, con un positivado tosco, que marca el paso del tiempo y en el que se distinguen explosiones en la ciudad, cazas israelíes sobre el cielo, gente mirando el panorama desolador e israelíes descansando bajo los tanques invasores. Es decir, el día a día de un país que sufrió durante 15 años una sangrante guerra civil. Poco importa la ficción. La realidad la superó con creces.

Una de las instantáneas de 'We decided to let them say we are convinced twice' (Walid Raad, 1982, 2002)

Una de las instantáneas de 'We decided to let them say we are convinced twice' (Walid Raad, 1982, 2002)

  • ÉSTE POST SERÁ EL SEGUNDO DE UNA SERIE QUE SE ACERCARÁ A LA VIDA, LA SOCIEDAD Y LAS CONTRADICCIONES DE LÍBANO, UN PAÍS CONDENADO A VIVIR EN PERMANENTE TENSIÓN CON SUS VECINOS Y CONSIGO MISMO.
  • Información de la exposición The Atlas Group en el Museo Reina Sofía
  • Para saber más sobre Walid Raad [en inglés]

Beirut, Luis Alberto Álvarez (CC)

Beirut I: Arqueología de un viaje (Análisis de la imagen ganadora en la WPP 2006)

Joven libanés conduce a través del devastado Barrio Sur de Beirut, 15 de Agosto (Spencer Platt, Getty Images)

Ante el inminente traslado de Des·Orientaciones a Líbano y Siria durante las próximas semanas, he querido recuperar este post que publiqué hace ya dos años y medio (el 13 de febrero de 2007) en un proyecto de blog que se llamó ‘Crónica de acontecimientos’. Es, a buen seguro, el germen de mi aventura por Oriente Medio. La imagen que vemos es la ganadora del World Press Photo de 2006, una gran fotografía que lleva implícita las contradicciones de las guerras actuales. Se trata del conflicto que tuvo lugar en verano de 2006 entre Israel y la milicia de Hezbolá y que devastó literalmente el barrio chií al sur de Beirut. Sin embargo, el grupo que lidera el clérigo Hasán Nasralá consiguió presentarse ante la opinión pública como ganador -si es que en una guerra los hay- de la contienda.

¿Qué tiene esta instantánea que nos resulta tan natural y a la vez tan terrible? Evidentemente, lo paradójico de la misma, lo que los semiólogos denominan retórica de la imágen; esta fotografía es, no cabe duda, un homenaje a la retórica visual, recurso harto utilizado por los profesionales de la imagen y que muy bien ha descrito Íñigo Saenz de Ugarte en su fantástico blog.

La retórica funciona en el momento en el que se colocan dos elementos, a priori, contradictorios en un mismo campo de acción. En este caso sería el escenario de destrucción de la barriada sur de Beirut y los cuatro ‘pijos’ de la zona rica de la ciudad que se dan una vuelta en su ‘casi’  impoluto descapotable como turistas de la miseria. Su extrañeza ante tal barbarie es la de nuestra sociedad acomodada. Encontramos, así, una doble retórica.

La imágen es fresca, está plagada de efectos reales, es decir, de situaciones que dotan a la instantánea de verosimilitud, de una cotidianidad que transgrede la nuestra de espectador, en tanto que nos vemos reflejados en ella: la chica del fondo del coche que toma fotos con el móvil, los jóvenes que pasean en el segundo plano como si no fuera con ellos el escenario del que son testigos y, sobre todo, las dos mujeres del primer plano que ven y huelen aquello que no podemos ver ni oler por encontrarse fuera de nuestro campo visual.

Subsiste, por tanto, un discurso que remite al mito del espectador-testigo del acontecimiento periodístico, que mira desde su torre de marfil en forma de descapotable aquello que le es ajeno.

Antes he comentado que el vehículo está ‘casi’ impoluto; en efecto, en su puerta, en primer plano, se puede distinguir lo que parece un excremento de pájaro. La mancha sería lo que Barthes denominaría el ‘punctum’ del discurso visual, en tanto que viene a reforzar más si cabe la retórica antes mencionada con unas connotaciones paradójicas que rozan la poesía.

Dedicado a Isabel Rodríguez

  • ÉSTE POST SERÁ EL PRIMERO DE UNA SERIE QUE SE ACERCARÁ A LA VIDA, LA SOCIEDAD Y LAS CONTRADICCIONES DE LÍBANO, UN PAÍS CONDENADO A VIVIR EN PERMANENTE TENSIÓN CON SUS VECINOS Y CONSIGO MISMO.
  • Página de World Press Photo.
  • Para conocer más sobre la Guerra de Líbano en 2006.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

Malick Sidibé, Premio PhotoEspaña 2009: La humildad como transgresión

La gran estrella de la última edición de PhotoEspaña es Annie Leibovitz. Una fotógrafa en la ruina tras haber sido estafada por Maddoff. No es de extrañar que ahora esté ávida por realizar ‘tournées’ en todo el mundo para recaudar pasta. En cualquier caso, Leibovitz representa mejor que nadie la tónica en la última edición del certamen fotográfico: imágenes estilizadas hasta el delirio, retratos irreales, construcciones artificiosas… Por ello, es de agradecer que este año haya recibido el Premio Photoespaña 2009 Malick Sidibé (85 años) quien, desde su trabajo artesano en su humilde estudio de Bamako (capital de Mali), ha salvaguardado la esencia del retrato fotográfico.

Soirée Las vegas dez Kamissoko

Soirée Las vegas dez Kamissoko

El tema de la muestra de este año gira en torno a la ‘cotidianeidad’, ese extrano ritual de las cosas que se convierten en habituales. “Contienen más verdades las 24 horas de la vida de un hombre que todas las filosofías”, decía en el 68 el situacionista Raoul Vaneigem. Y es exáctamente sobre esta trascencencia cotidiana y la verdad que mana de ella por donde se mueve el fotógrafo malí. Consigue que sus imágenes se conviertan en el retrato de un país que aborda su presente -los años 60 y 70- y su futuro con el optimismo de su recien obtenida independencia de Francia.

Surprise party Bamako Loura, años 60

Surprise party Bamako Loura, años 60

La exposición ‘Bamako Style’, que se puede ver estos días en la Galería Oliva Arauna de Madrid, se divide claramente en dos grandes temáticas: las imágenes de la ‘permanente’ fiesta que supusieron los años 60 -la vida nocturna, los bailes, la juventud vestida al modo occidental pero sin perder su orgullo africano…- y el trabajo del fotógrafo, ya en los 70, en el estudio del barrio de Bagadati, en la capital malí. Las composiciones en todas sus instantáneas se caracterizan por ser sencillas, desornamentadas, elegantes. Los rostros posan de forma natural. No hay artificios.

Bal jeunesse RDA, años 60

Bal jeunesse RDA, años 60

En los 70, mientras los teóricos posmodernos elucubraban sobre el sentido último de lo que debe ser el dispositivo fotográfico, Sidibé  se encierra en su estudio de Bamako y no para de realizar retratos. No hay complejidades que valga, su máxima es que “aquel que se va a retratar quiere estar guapo. Es labor del fotógrafo hacer que esto suceda”.  Sin más… y sin menos. Modernidad sin pretensiones. La misma que hizo que Nadar o Disderi revolucionaran el retrato hace siglo y medio. La única referencia que Sidibé tiene para clasificar sus innumerables fotos son los sencillos decorados que va modificando levemente una vez al año.

A deux pour la meme femme, años 70

A deux pour la meme femme, años 70

Mención especial merece Oliva, la galerista. Cincuenta y tantos, alta, delgada, cara lavada, negro riguroso, con la serenidad de quien cree sin ambages en lo que hace… una conversación con ella significa redescubrir ysaborear de nuevo el arte, esa cosa tan rara y caprichosa que prefiere escabuirse entre tanto mercado, fuegos de artificio y estafadores.

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)

La menstruación según Artemisia Gentileschi: ‘Judit y Holofernes’

“Mi corazón pertenece a Francia, pero mi coño es mío”, es lo que, al parecer, respondió Coco Chanel tras ser interrogada por su más que estrecha relación con unos cuantos oficiales nazis -las malas lenguas dicen que un regimiento- durante la ocupación alemana en París. Entre los maniquís, telas, patrones, tijeras… que decoraban su suite del hotel de la Place Vendôme donde vivía, no faltaba nunca un uniforme tirado de cualquier manera olvidado por algún apuesto germano. En este episodio apócrifio de su vida, la hagiografiada diseñadora dejaba claro que no había sido colaboracionista. También que era mujer y, como tal, deseaba.

'Judit y Holofernes' de Artemisia Gentileschi (1613). M. N. di Capodimonte, Nápoles

La tenebrista -en todos los sentidos- Artemisia Gentileschi (Roma, 1593-Nápoles, 1653) también tuvo conciencia temprana de su rol sexual, aunque por causas bien distintas. De núbil sufrió la violación de uno de sus maestro. Fue entonces cuando su pintura abrazó el escorzo y la tensión dramática heredada de otro pintor complejo donde los haya: Caravaggio. Con el trauma aún reciente, la pintora, aupada en los últimos años como referente del feminismo artístico, realizó su versión de ‘Judit y Holofernes’ (1613), que se encuentra estos días en el Museo Thyssen de Madrid (hasta el 2 de agosto) procedente del Museo Nazionale di Capodimonte de Nápoles.

El antecedente de esta obra es la versión de Caravaggio. Comparar ambas puede ofrecer luz sobre uno de los motivos más violentos que pueden existir en la iconografía barroca y, por extensión, sobre la pulsión que subyace detrás de la personalidad de sus autores. En el ‘Judit y Holofernes’ (1599) de Caravaggio existe una extrañeza en el rostro de la propia Judit mientras ejecuta al general asirio. Separada del cuerpo martirizado, ella misma está sorprendida por la orgía de sangre. Abra, la asistena de la heroína, pintada como vieja alcahueta, aguarda paciente con el paño el momento en que la cabeza se desprenda del cuello. El malparado Holofernes es sorprendido y su cuerpo apenas ofrece resistencia mientras un gran chorro de sangre clara, limpia, escapa, como si de una eyaculación se tratara,  sin apenas manchar el entorno. La composición es horizontal, lo que implica pasividad, la tela roja del fondo dota de teatralidad a la acción. La herida abierta, en vertical y explicitada en el cuadro podría recordar al propio sexo femenino. Una imagen masturbatoria, explícita.

'Judit y Holofernes' (1599), de M. Caravaggio. G. N. d'Arte Antica (Roma)

No ocurre lo mismo en la versión de Gentileschi. Más bien todo lo contrario. En la obra de la artista romana, la mujer desempeña un papel activo, traducido en la verticalidad de la composición. El rictus de Judit no es ya de asco, sino más bien fría, de saña, remarcada por la tela azul que cubre su cuerpo. Su asistenta desempeña también  un papel dinámico, el de prender al tirano. Y el asesinado subraya la violencia de la acción con los brazos intentando desasirse. Pero lo más perturbador de la imagen -puesto que hablamos de uno de los cuadros más perturbadores de la Historia- es, sin duda, el hecho de que la sangre del sacrificado no salga a borbotones, sino que chorree. La herida se oculta tras una sangre oscura, coagulada, que contrasta con el blanco de las sábanas. Es una sangre pestilente, impura. Sangre menstrual. Gentileschi pinta, literalmente, desde sus entrañas.

Es una violencia que roza el tabú: “Estos líquidos son considerados manifestaciones de la violencia interna. El líquido menstrual tiene, además, el sentido de la actividad sexual y de la mancha que de ella proviene; esa suciedad es uno de los efectos de la violencia”, escribía George Bataille en su imprescindible ‘El erotismo’ (Tusquets, 1997).  En esta ‘Judit y Holofernes’ los discípulos de Lacan no verán más que el acto de la castración simbólica del amante arrastrado por el ciclo menstrual de su pareja.

Dedicado a Emilia Landaluce

  • Ficha de la exposición
  • Para saber más sobre Artemisia Gentileschi

Madrid, Luis Alberto Álvarez (CC)